Te despiertas con una sonrisa, levemente desorientada. Las juguetonas gaviotas te han vuelto a despertar, no quieren que te pierdas aquel paraíso. Sentada en tu tumbona con los pies hundidos en la cálida arena, no sabes cual será tu próximo objetivo . Coges tu vaso en forma de piña y bebes un poco del rosado mejunje que contiene, por un momento te detienes a observar la pequeña sobrilla colocada en el recipiente y sin saber porque, sonríes, dejas el vaso en su sitio, te levantas tranquilamente.
Observas el majestuoso mar, ¿qué secretos te reservara?
¿Qué importa? Te preguntas lanzándote al agua, sabiendo que nada malo podría pasar.
